Pega un poema —o el poemario entero— y El Oído lo lee por dos caminos: la música, medida con precisión, y lo que el poema deja vibrar debajo. No te pone nota: te devuelve el oído.
No guardamos tu obra ni la usamos para entrenar nada. Analizarla no es publicarla.
Métrica, escansión, sílabas y estrofa, con precisión — la parte del poema que sí se puede contar.
Lo que el poema afirma en voz alta frente a lo que deja latiendo debajo. Un poema fuerte sugiere más de lo que dice.
El verso que sobra, el que falta, y dónde empieza de verdad tu poema — casi nunca en la primera línea.